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Pasada la noche, cuando Fragmut salió de la cueva, el vio que el maestro ya se había levantado y meditaba dulcemente bajo un árbol. Fragmut fue pronto a bañarse al riachuelo y se presentó ante su maestro. El sabio podía ver el rostro confundido de su discípulo.
“Maestro, estuve pensando sobre su respuesta durante toda la noche y puedo decir que me siento muy confundido. ¿Qué significa el hecho de ofrecer el mundo entero para salvarse a si mismo? ¿Y de qué tiene que salvarse uno? Y además… ¿No es egoísta el querer salvarse a uno mismo?”
Mirándolo a los ojos, con una sonrisa el maestro le dijo: “Mi querido hijo, me siento orgulloso que me haces estas preguntas, e intentaré contestartelas.
“Ofrecer el mundo significa, ofrecer el deseo de querer disfrutar el mundo egoístamente. Mientras pienses que el mundo existe para tu disfrute, te encuentras en una peligrosa ilusión. En verdad todo le pertenece a Dios. Él es el Señor Supremo, el creador de todo y el mejor amigo de cada entidad viviente. Cuando entiendas, que todo le pertenece a Él, y todas las criaturas son hijas e hijos de El, entonces respetarás su creación y no querrás disfrutarlo más y explotarlo como tantos lo hacen. Cuando las personas olvidan que Dios está en el centro de todo, hacen mucho daño a su alrededor. Toda la felicidad del mundo que las personas desean disfrutar para si mismas son temporales. Olvidan que son almas eternas, y pasan su vida luchando por una felicidad temporal. Piensan que morirán cuando su cuerpo muere y por esto viven preocupados. Y de esta decepción solo podrás salvarte al renunciar tu deseo de disfrutar del mundo. |
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