Un día una ardilla se encontraba juntando nueces debajo de un nogal. Ella era muy avarienta y a pesar de que en su madriguera ya no entraban más nueces, seguía juntando más y más... De repente miró a los pies del árbol y vio la mitad de una nuez gigante, jamás había visto una nuez tan grande. Sus ojitos brillaban intensamente y su boquita se derretía de solo pensar lo sabrosa que sería, y dijo: Esa nuez deberá ser mía!! y se lanzó sobre ella.