Comenzó a arrastrarla con gran esfuerzo, pues era demasiado grande.
Empujó y empujó, y de repente...
-Achís!!
Alguien estornudó. La ardilla miró hacia un lado y hacia el otro lado,
pero nada vio, y siguió su camino con gran esmero.
Nuevamente:
- Achís, Achís, Achís!!!
Tres estornudos arrasaron con todo y la ardilla voló con ellos quedando
de cabeza entre las plantas a un lado del camino. Cuando logró incorporarse, la ardilla miró en varias direcciones para saber de donde venían los estornudos...
Y de repente, observó que salían de la media nuez que ella cargaba hacia su casa.

“¡Que en realidad no era media nuez, era una tortuga!
Y entre estornudo y estornudo, la tortuga lentamente se asomaba. La pobre estaba muy mareada de tantas vueltas que le había dado la ardilla; y como si esto fuese poco, la tortuga cargaba flor de gripe.