Lo
que no sabía la ardilla es que la tortuga no era una tortuga
común y ella la había servido sin saber que era
un representante del Señor, simplemente motivada por compasión
al el prójimo.
Hagamos el bien sin mirar
a quién y cuando menos lo esperes, estarás con Él,
El Señor Supremo, a quien todos queremos volver.