Cuando Hanuman llegó a Lanka vio a muchos demonios resguardando el palacio caminando por todas partes. Algunos eran gordos, otros delgados, algunos eran color rojo betarraga, otros amarillo banana, y otros eran verde pepino, todos eran feos y repugnantes y gruñían mientras caminaban.

¡Oh no! -pensó Hanuman- mientras los observaba sentado en una de las murallas del gran palacio.

Hanuman aún estaba muy pequeño, entonces aprovechando de la oscuridad de la noche, se las ingenió para deslizarse entre los guardias, sin ser visto. Cuando estuvo dentro de la blanca ciudad de mármol, empezó a buscar a Sita, en todas las habitaciones del gran palacio de Ravana.

En las puertas del Palacio

Hanuman empezó a buscar en el comedor del palacio, en la cocina, en los corredores, pero no pudo encontrar a Sita, de pronto escuchó un sonido muy fuerte, como un trueno, un sonido que venía de una habitación que tenía una gran puerta dorada, entonces Hanuman muy despacio se arrastró por una rendija debajo de la puerta y encontró a Ravana durmiendo en una gran cama, con sus diez cabezas roncando a la misma vez. ¡Grrrr-phew… Grrrr-phew!!! Bueno -pensó Hanuman- de seguro que Sita no está acá.

Hanuman en el cuarto de Ravana