Hanuman encontró a Sita muy triste y melancólica sentada fuera del palacio en un hermoso jardín, y resguardada por algunos demonios que se habían quedado dormidos, entonces, se deslizó por una de las ramas de un árbol de fruta.

¡Psssst! -dijo Hanuman- haciéndole señas para llamar su atención. Sita levantó la mirada y quedó sorprendida al verlo.

¿Quién eres tú? -preguntó Sita- Yo soy Hanuman -respondió suavemente- He sido enviado por Rama para encontrarte, ahora debo volver para decirle a él que te he encontrado y luego volvere para rescatarte. ¡Oh, gracias! -respondió Sita, un poco más animada- pero debes tener mucho cuidado, Ravana no es solamente muy poderoso, sino también muy astuto.

Hanuman encuentra a Sita

Justo en ese momento uno de los demonios que resguardaban a Sita se despertó.

¡Un intruso entre nosotros! -gritó a los otros guardias- ¡Debemos capturarlo!

Y corrieron a atacar a Hanuman, pero él, de pronto se volvió muy grande y fuerte, se paró en medio del jardín y arrancó dos árboles con sus raíces y todo, y empezó a girarlos en todas direcciones para mantener a los demonios a distancia. Cuando Ravana se enteró de lo que Hanuman estaba haciendo, se puso furioso, entonces, se escuchó un sonido terrorífico lleno de ira, proveniente de sus diez cabezas gritando al mismo tiempo.

¡Un mono haciendo todo ese desastre en mi jardín! -dijo Ravana- ¡Envíen inmediatamente a mi hijo a capturarlo y que lo traiga a mi presencia.

El hijo de Ravana fue a cumplir la orden de su padre, y empezó a dispararle a Hanuman flechas con serpientes, pero éstas no podían herir al poderoso hombre mono.

Hanuman siendo atacado por el hijo de Ravana