¡FUEGO!

Hanuman tuvo una brillante idea. Talvez deba hablar con Ravana frente a frente -pensó-
Y haciéndose nuevamente pequeño, se dejó capturar por los guardias, para así ser llevado donde Ravana.

Por favor libera a Sita -le rogó Hanuman-
¡Nunca! -gruñó Ravana- ¡Eres un atrevido! ¡Quémenle la cola!

Varios demonios, agarraron la cola de Hanuman para atarla, pero de pronto su cola empezó a crecer… y crecer, larga, cada vez más larga!

¡Tontos! -gritó Ravana- ¡Es un truco! ¡Atrapen su cola y manténganla firme!

Finalmente, los guardias se las ingeniaron para colocar la punta de la cola de Hanuman en el fuego, pero el fuego no podía hacerle daño, porque sus poderes mágicos lo mantenían perfectamente fresco.

Hanuman en la corte de Ravana

De pronto, Hanuman tuvo otra grandiosa idea.

Lo tengo -pensó- ¡puedo poner mi cola encendida con fuego, en buen uso!

Y entonces, empezó a crecer nuevamente grande, muy grande, rompiendo las sogas que lo ataban. Con un sólo impulso, brinco por los aires, ¡su cola encendida brillaba y se veía como una enorme bola de fuego!, y volando encima de la ciudad de Lanka, prendió fuego en todos los techos de las casas.

¡Oh, cómo odio a ese mono! -gritó Ravana-

Y empezó a agitar sus veinte brazos con una ira salvaje, mientras tanto Hanuman sumergía su cola en el mar para apagarla.

Sssssssss….

Hanuman quemando los techos de las casas