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Apesar de que Hiranyakasipu habia muerto, Narasimhadeva continuaba muy furioso. Los semidioses no se atrevian a acercarce. Ni siquiera Laksmi la Diosa de la fortuna. Entonces Brahma le dijo a Prahlada que se acercara para tranquilizarlo. Prahlada no tenia miedo alguno. Narasimha se sentó en el trono del rey. Ahi los semidioses se acercaron al Señor quien brillaba como el sol. Con sus manos juntas, los semidioses empezaron a ofrecer oraciones. |