Mientras tanto, Vayu, había llevado al pequeño Hanuman al interior de la tierra, arrullándolo  entre sus brazos.  Indra llamó a otros semidioses para así, juntos, rogarle a Vayu  devuelva el aire al mundo.

No, no hasta que Hanuman respire otra vez!  -respondió Vayu-. Entonces los semidioses prometieron devolverle la vida a Hanuman.   Dijeron también, que cuando él creciera, tendría más poderes mágicos, que podría ser tan grande o tan pequeño como quisiera, que su cola sería mágica y podría volar por los cielos, que lideraría un ejército de monos y viviría todo el tiempo que él deseara. Los rayos y los truenos nunca más podrán hacerle daño, -dijo Indra- El fuego nunca  podrá tocarlo, -dijo el Sol-.

Vayu, el padre de Hanuman, ahora estaba muy feliz y mantuvo su palabra.  El aire empezó a correr otra vez, y las plantas, los animales y la gente volvieron a la vida.

¿Qué nos sucedió? -se preguntaban- ¡Ellos no podían recordar nada! Todo se llevó a cabo como los semidioses prometieron.  Hanuman creció para ser el mono más fantástico del mundo, vivió en un enorme, verde y hermoso bosque.

Sugriva, el rey de los monos, escuchó acerca de Hanuman y sus poderes mágicos, entonces fue al bosque a buscarlo y hablar con él.

¿Podrías tú ser mi mejor amigo y liderar mi ejército? -preguntó Sugriva. Claro que sí -dijo Hanuman-.  Y  desde ese día en adelante, los dos estuvieron siempre juntos.